Algo tan cotidiano como ir en subte, colectivo. Caminar por las calles de la ciudad, gente yendo y viniendo, tropezandote, chocandote, tal vez escuchando música, ir en la tuya.
Nunca prestás atención a la gente. No ves sus caras. No hablás con ellos. El otro es ajeno a vos.
¿Pero que sucede cuando él otro es lo que es? El caminante solitario.
Todos tenemos un propósito en la vida. Sueños. Metas a cumplir. Decisiones que tomar. Gente con quién pasar el tiempo. Cosas que compartir. Una vida que planear.
Él no las tiene. No es parte de un plan.
Él no las tiene. No es parte de un plan.
¿Alguna vez pensaste que dentro de tanta gente que cruzas por día en tu camino hacía el futuro, está el caminante solitario?
Nacimos creyendo que todos somos especiales. Películas, series, historias de amor, cómics, libros, vidas e historias que nos llenaron de esperanzas indicándonos que cada uno de nosotros es un ser especial. Que poseé la capacidad de salvar el mundo, ser el elegido. Ser eso diferente del universo que es el indicado para la tarea. Tener la cualidad, los recursos, la capacidad de ser ESE que se necesita.
Lo creemos. Lo soñamos. ¿Lo tenemos? Todo el mundo tiene un destino que cumplir. Sea importante o no. Pero el caminante solitario es aquel que pasa desapercibido ante la multitud. Ese que dentro de su mente y su corazón, tiene un vacío enorme. A pesar de la posibilidad de estar rodeado frente a mucha gente, gente que lo odia, gente que lo quiere, él sabe quienes estan a su alrededor, y por qué. Sabe que es importante para otros, pero no puede corresponderle por que simplemente está vacio.
Tal vez, ese, esté destinado a ser un pasante de la vida. Aquél que suele estar en las vidas de todo pero solo es una ráfaga de recuerdos en la gente. Lo conocés, es amable, es solidario, es compañero, pero solo es un pasante. Su actitud por la vida hace que lo sea. Es fugaz. Intenta ser constante en la vida de los demás pero algo en el viento le dice que es hora de salir de allí. Algo hace que en cuanto se acerque demasiado, sienta que es peligroso, que es perjudicial y que un manto de oscuridad lo envuelve. Se quiere sentir querido pero no es suficiente. Él vé mas allá de todo. Vé a través de las intenciones de la gente, sus actitudes, su forma de ser, sus decisiones. Desea equivocarse, con todo su corazón, pero la frialdad de su pensamiento, recorre sus venas, haciendo imposible que pueda entregarse completamente al abrazo cálido que las relaciones sociales propician. Pero a su vez, quiere eso. Pero saber de antemano, lo que pueda suceder, no como ver el futuro, sino ver las variables, calcular posibles decisiones teniendo en cuenta las personalidades, y formas de actuar de cada uno, hace que él vea más allá de todo. Él sabe que esas relaciones no van a durar mucho, no puede ser acompañante. Puede ser apoyo. Puede ser oído y consejero. Puede analizar y sugerir. Pero no puede sentir. No como los demás. Lo hace diferente. Él busca diferente. Él quiere diferente. Ellos intentan traerlo. Intentan convencerlo y transformarlo. A veces funciona pero no por mucho tiempo. Luego vuelve a su estado natural. En silencio. Sigue su vida pero ya no es lo mismo. Funciona como un objeto. Funciona como la naturaleza. Lo vés ahí pero no está.
Camina con vos pero no está. Funciona como una persona normal. O eso parece. Pero no se involucra. No cuando vé que tiene la capacidad de dar todo y solo es un pasante. Es un fantasma. Alguien borroso que pasa a tu lado, con la mirada perdida hacía la fría vida que le toca. Nadie puede verlo. Y se vuelve más análitico y frío. Se viste todas las mañanas del más común de los disfraces: Ser normal. Ser desapercibido. Ser felíz. Ser como la gente. Ser un amigo. Ser familia. Ser buena gente. Ser humano.
No tiene destino. Solo caminar. Aceptar lo que llega en su vida. Lo bueno. Y lo malo. Sobre todo lo malo. Por que siempre es peor. A veces intenta batear lo que le cae pero termina aceptando que algo hace que todo caiga a él. Él lo recibe todo. Tal vez esas personas que reciben todo bueno, son las dueñas de la mayoría de sus desgracias pero por cuestiones místicas, científicas, filosóficas de la vida, el es el receptor de ellas. Sirve como un augujero negro. Un imán. Y como las matemáticas, él es un resultado negativo con la increíble capacidad de convertir esa oscuridad en luz, pero que sólo les llega a los que lo tocan. Él reparte luz que nunca le tocará vivir. Tal vez ese sea su destino final. Su propósito en la vida. Tal vez no le toque ser feliz. Tal vez, sea él, el encargado de llevarles la felicidad a los otros que reman entre tantos obstáculos. Él es el nexo que une el conocimiento, la sabiduría, la felicidad, la amistad, la conexión, al otro, como también el dolor. Él abre los ojos de los demás. Los hace sentir. Pero nada de eso es para él. Solo es un dealer de sensaciones y sentimientos. Es un hombro constante para el prójimo. No debe malinterpretarse. Él sufre pero lo reconforta ayudar. Lo hace por que le sale. Lo hace por que es parte de su ser, ser el brazo que ayuda. Él quiere ver feliz al triste, y hará lo que sea para hacerlo cumplir, por que sabe lo que se siente y tal vez sea el único que lo comprenda enteramente. Muchos dicen ser como él pero ve sus intenciones. No son puros. No son verdaderos. Él lo es.
Y es el caminante solitario. Un pasante de la vida. Entenderlo es imposible.





















